Te sigue a casa
Te vas de viaje. Compartes el evangelio. Vuelas de regreso a casa pensando que la misión ha terminado... ¿pero es así?
Brian había viajado a Chile en mayo para compartir el evangelio junto a su equipo de GO. Cuando regresó a Canadá, su vida retomó su ritmo habitual.
Una de esas tareas cotidianas era registrar sus horas de voluntariado en la plataforma interna de recursos humanos de su empresa, el tipo de cosa que haces sin pensarlo dos veces.
Aún no lo sabía, pero su oportunidad ministerial más sorprendente no había terminado en Chile. Lo esperaba en su propio escritorio.
Courtney, quien administra esa plataforma de recursos humanos desde la sede central de la empresa en Ohio, se percató de dónde había estado Brian. Nunca se habían conocido. Su único contacto habían sido unos cuantos correos electrónicos breves de trabajo sobre el registro de horas. Él no tenía idea de qué tipo de persona era ella, ni en qué creía.
Pero cuando vio que él había participado en un viaje GO, se puso en contacto con él, movida por la curiosidad. Así que Brian le envió algunas fotos de su estancia en Chile, con leyendas que explicaban lo que el equipo había hecho.
Su respuesta lo dejó sin palabras.
«Esto realmente me alegra el corazón», escribió ella. «Muchas gracias por el increíble trabajo que estás haciendo. No solo por nuestras comunidades, sino a un nivel aún más profundo... tocando y transformando vidas».
Luego compartió algo más personal que Brian nunca había esperado.
Hace dos años, ella había decidido leer toda la Biblia por su cuenta. De manera personal, se esforzó por entenderla por sí misma.
«Cuando digo que ha cambiado mi vida», escribió, «realmente no puedo describirlo de otra manera. Ahora la leo a diario. De verdad es mi pan de cada día».
Saber que Brian estaba ayudando a equipar a los creyentes comunes y corrientes para compartir su fe a través de su conexión con ShareWord la conmovió profundamente. Terminó su correo electrónico con un versículo bíblico:
«Pues ambos somos trabajadores de Dios; y ustedes son el campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios.» (1 Corintios 3:9 NTV)
Brian se conmovió. No esperaba encontrar un punto en común así en un correo electrónico de trabajo. Le envió algo más: una captura de pantalla de una tarjeta de la aplicación NewLife, explicando cómo el código QR permite a cualquiera descargar la Palabra de Dios y leerla en cientos de idiomas.
¿Su respuesta? «¡Ay, qué lindo! Gracias por compartirlo. Definitivamente voy a imprimir algunas copias».
Reflexiona sobre eso por un momento. Una mujer a quien nunca había conocido, en otro país, ahora iba a imprimir esas tarjetas y a compartir la Buena Nueva en Cleveland, Ohio, y más allá.
Nada de eso pasó en Chile. Todo sucedió después de que él regresara a casa.
Y la onda expansiva llegó hasta el propio Brian.
Solía intercambiar únicamente correos electrónicos de trabajo con personas como Courtney. Pero este intercambio silencioso cambió algo en él. Esa única conversación le dio una nueva audacia. Ahora se siente motivado a compartir su fe más libremente con las personas con las que trabaja todos los días, a ser más valiente por Cristo justo donde está, día tras día.
Esa es la maravilla silenciosa de un viaje GO. Cruzas una frontera creyendo que eres tú quien lleva el evangelio al exterior. Luego regresas a casa y descubres que la misión viajó de regreso contigo; a los lugares cotidianos en los que nunca habías pensado buscar.
La semilla que Brian plantó en Chile echó raíces en un lugar que él nunca regó: un escritorio en Ohio, en el corazón de una mujer con la que nunca había hablado cara a cara. Y esa misma semilla también creció en él.
Porque la misión nunca estuvo solo «allá».
El viaje no terminó cuando el avión aterrizó.
Fue solo el comienzo.
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