17 Minutos
Probablemente te has enfrentado a un problema o dos en tu vida.
Especialmente esos «inconvenientes» cotidianos.
Quizás te has quedado atrapado en un embotellamiento, perdiste tus llaves o esperaste una eternidad en la cola del supermercado. Parece un mal momento, solo otro momento frustrante más en tu día.
Pero, ¿y si significara algo más que eso?
¿Y si esa interrupción cotidiana fuera el preludio de algo duradero? Un momento en el que Dios está trabajando detrás de escena, convirtiendo las molestias en oportunidades.
Un conductor de Uber en Gatineau, Canadá, se encontró en uno de esos momentos. Etienne había estado trabajando todo el día y se quedó atrapado en el tráfico de la hora punta. La lluvia caía con fuerza sobre las concurridas calles que lo rodeaban y, de repente, de la nada, se oyó un golpe seco. Un neumático pinchado.
Etienne se detuvo rápidamente junto a una parada de autobús, donde un joven también se había refugiado, esperando a que amainara la tormenta.
Al principio, al ver los coches que pasaban, Etienne se sintió frustrado. «Qué mala suerte», murmuró. Pero entonces se detuvo. «Cambia esta llanta con buen humor», pensó.
Así que empezó a cantar. A silbar. A dejar que su alegría se impusiera al problema que estaba experimentando.
El joven se dio cuenta y, sin decir una palabra, salió bajo la lluvia y se arrodilló en el pavimento empapado para ayudar a Etienne a colocar el gato. Su amabilidad fue silenciosa, pero poderosa.
Pero Etienne sabía que no se trataba de un encuentro fortuito y casual. Era un regalo de Dios.
Etienne estaba preparado para momentos cotidianos como este. En 2024, ganó un viaje GO a Kenia con ShareWord Global, un viaje en el que creyentes de todo el mundo se reunieron con una misión: compartir el evangelio junto con la iglesia local.
En Kenia, Etienne ministró en uno de los barrios marginales más grandes de África. Conoció a personas que sufrían, que buscaban y que estaban listas para recibir esperanza. Aprendió a utilizar las revistas bíblicas de ShareWord Global, llenas de versículos de la Biblia, el Evangelio de Juan e imágenes impactantes que conectan con la cultura local. Vio vidas transformadas.
Ese viaje no solo cambió a las personas que él conoció, sino que también cambió a Etienne. Encendió en él el deseo de seguir compartiendo el evangelio dondequiera que vaya.
Etienne dice que el viaje «le cambió la vida por completo». Volvería a hacerlo «en cualquier momento». Y el impacto no se quedó en Kenia, sino que lo acompañó a casa.
Desde entonces, Etienne ha convertido su Uber en un ministerio móvil. Constantemente pide recursos de ShareWord Global —revistas con pasajes de las Escrituras, Nuevos Testamentos y más— para tenerlos en su auto. Cada viaje es una oportunidad para compartir la Buena Nueva. Cada conversación con un pasajero es una oportunidad dada por Dios.
Y este momento, al lado de la carretera, con una llanta ponchada y el cabello mojado, no fue la excepción.
Una vez apretado el último tornillo, el joven colocó la llanta desinflada en el maletero y se dirigió de vuelta al refugio. Pero Etienne sabía que ese momento no había terminado. Algo más profundo se estaba desarrollando, y él no estaba dispuesto a dejarlo ahí. Siguió al hombre.
«¿Puedo llevarte a algún sitio?», le preguntó.
El joven asintió con la cabeza. Su destino: el centro comercial Les Promenades, a 17 minutos de distancia.
«Justo el tiempo suficiente para compartir algo más profundo», pensó Etienne para sí mismo.
La lluvia golpeaba suavemente el techo del coche mientras Etienne conducía. Ismael, el joven que acababa de ayudar desinteresadamente a un desconocido, estaba sentado en silencio a su lado.
Él rompió el silencio con una pregunta: «¿Eres de Francia?».
Etienne sonrió y le contó un poco sobre su vida. Cómo había nacido en Suiza, se había casado con una mujer de París y juntos habían criado a tres hijos.
Ismael escuchaba con interés mientras Etienne continuaba. Habló de su trabajo con ShareWord Global y de cómo un viaje misionero a Kenia en 2024 le abrió los ojos al poder del evangelio y profundizó su pasión por compartirlo dondequiera que fuera.
Luego vino la pregunta más profunda: «¿De qué religión eres?».
Etienne no dudó. Comenzó a compartir su testimonio.
Habló de cuando tenía quince años, estaba enojado y perdido, y de cómo todo cambió cuando invitó a Jesús a entrar en su corazón. Describió lo que él cree que fue un momento milagroso en los Alpes suizos, cuando Dios lo movió casi cincuenta metros para salvarlo de caer y morir. Ismael se inclinó con asombro, asimilando todo.
Luego vino la pregunta: «¿Cómo puedo saber que tengo fe?».
Etienne sonrió con amabilidad. «La fe es un regalo de Dios», dijo. «Y como estás haciendo preguntas y quieres entender, significa que el Espíritu Santo ya ha comenzado a obrar en tu corazón».
Cuando llegaron al centro comercial, Etienne se volvió hacia él. «¿Puedo tomarte de la mano y orar contigo?», le preguntó.
Ismael asintió con la cabeza.
Oraron juntos, despacio y con sinceridad. «Querido Señor Jesús... entra en mi corazón... perdona mis pecados...», repitió Ismael cada palabra, atentamente.
Después de la oración, Etienne sintió que podía verlo en los ojos de Ismael: el Espíritu Santo estaba obrando. Le entregó una copia del Nuevo Testamento. «Esto es para ti», le dijo.
Ismael lo tomó con cuidado, agradecido.
Antes de irse, Etienne lo invitó a una iglesia francófona cercana, un lugar donde podría seguir aprendiendo y creciendo en la fe.
En medio de una tarde lluviosa y frustrante, Dios se manifestó: a través de un neumático pinchado, la amabilidad de un desconocido, un viaje de 17 minutos en coche, una oración silenciosa y el regalo de Su Palabra.
Este es el tipo de momentos que tus donaciones hacen posibles.
Sigamos impulsando juntos la misión.
Sigamos compartiendo el evangelio.
Sigamos adelante.
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