Sí, incluso aquí
Quizás no esperarías que se produzca una conversación sobre el Evangelio en medio del ritmo acelerado de una ciudad canadiense.
A menudo se oyen historias sobre cómo se comparte el Evangelio por todo el mundo, pero ¿aquí en Canadá? ¿Dónde las personas suelen mantenerse al margen mientras se corren de un lado a otro a cumplir con su día a día? Simplemente no parece probable.
Pero Dios está actuando. Sí, incluso aquí.
Durante la jornada de evangelismo de un reciente evento Ignite de ShareWord Global en la Iglesia Ramp, Alicia caminaba por Celebration Square en Mississauga, Ontario, orando por encontrar a alguien con quien hablar. Al pasar por la biblioteca, vio a una mujer sentada sola y sintió el impulso de acercarse a ella.
Aplicando la capacitación en evangelización que acababa de recibir esa mañana, Alicia comenzó con una charla sencilla: elogiando el sombrero de la mujer, le preguntó cómo iba su día.
La mujer, Patty, respondió, pero con algo que dejó a Alicia impactada:
«Oh, solo estaba pensando en el propósito de la vida».
En ese momento, Alicia sintió claramente la presencia del Espíritu Santo, mostrándole una oportunidad para presentarle a Jesús a aquella mujer que Dios había puesto en su camino.
Con suavidad le preguntó: «¿Cuál crees que es el propósito de la vida?».
Patty admitió que no lo sabía. Recientemente había pasado por un divorcio y se encontraba en medio de una profunda lucha emocional, cuestionándose todo.
La historia le resultaba muy familiar a Alicia. Compartió parte de su propia experiencia con Patty: cómo el divorcio de sus padres también había dejado una marca en su vida, llevándola a una etapa de rebeldía. Pero explicó que ese dolor finalmente la llevó a Jesús.
Esa vulnerabilidad abrió una puerta. Justo allí, en medio de la plaza, dos desconocidas se convirtieron en algo más: dos almas conectadas por un dolor compartido, ahora unidas por el mensaje de Aquel que es más grande que las heridas del pasado.
Se sentaron y hablaron durante más de una hora. Patty continuó compartiendo que había crecido como católica, pero que ahora estaba buscando algo más profundo: una relación personal con Jesús, no solo religión. Alicia escuchó, la animó y se ofreció a orar con ella.
La oración fue sencilla, pero poderosa. Antes de despedirse, Alicia le dio su información de contacto. Unas pocas horas más tarde, llegó un mensaje de Patty:
«Muchas gracias por esa conversación. Que Dios te bendiga».
El evangelio no está limitado por la geografía ni la cultura. Está vivo, incluso aquí, en los lugares inesperados.
No permitas que la historia de Alicia sea solo otro momento que te haga sentir bien. Mira a tu alrededor, incluso aquí en Canadá, donde todos parecen estar demasiado ocupados, demasiado distantes o distraídos, las oportunidades están por todas partes.
Pídele a Dios que te abra los ojos de una manera nueva para ver a alguien que pasa a tu lado y necesita Su amor.
Él ya se está obrando. ¿Seguirás Su dirección?
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