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Traer a casa a los perdidos



¿Qué se siente ser juzgado?

¿Querer cambiar, pero encontrarse con un muro levantado por el temor al juicio y al rechazo de los demás? Ese era el sentimiento que llenaba el corazón de Elizabeth cuando el pastor Raymond le compartió el evangelio. No había forma de que la aceptaran. Su pasado había sido demasiado duro, habiendo crecido en Siaya; estaba convencida de que nadie querría recibirla en una iglesia.

Ubicada en la hermosa región cuenca del lago Victoria en Kenia, Siaya enfrenta una serie de desafíos únicos. Los embarazos adolescentes, el VIH, la malaria, la violencia de género y el desempleo generalizado hacen que la vida allí sea complicada para muchas familias. Solo una de cada diez personas tiene la oportunidad de seguir estudios superiores, lo que ha empujado a muchos jóvenes al abismo de la delincuencia y el abuso de sustancias.

Pero pastores como el pastor Raymond estaban decididos a cambiar esta historia. Querían llevar esperanza a su comunidad.

Querían compartir el evangelio con ellos.

Fue así como un grupo de 125 creyentes, líderes y pastores recibió capacitación de ShareWord Global. Algunos de los pastores conocidos por Raymond, inicialmente dudaban de cuál sería el resultado de la capacitación, pero terminaron afirmando que había sido la iniciativa de evangelización más significativa que sus iglesias había emprendido jamás. De hecho, el equipo le dio un nombre a la misión:

Operación Rundi Nyumbani.

La expresión significa «Operación Regresar a Casa para Llevar la Misión».

Era un compromiso solemne: los participantes llevarían sus nuevos conocimientos a casa y pondrían en práctica lo aprendido. Sus iglesias necesitaban algo: Necesitaban recuperar la pasión por llevar personas a Cristo. Necesitaban volver a experimentar el crecimiento espiritual que estaba ocurriendo en tantas iglesias gracias a esta capacitación.

Y así, cuando el pastor Raymond salió a las calles con un pequeño equipo, lo hicieron con el deseo de llenar el vacío que veían en sus comunidades.

Fue durante uno de estos eventos de evangelización que conocieron a Elizabeth.

El equipo se había encontrado con un grupo de casi 20 personas, todas involucradas en una fábrica ilegal de alcohol artesanal. Los evangelistas preguntaron si podían compartir algo importante con ellos, pero el grupo se mostraba reacio a hablar con extraños, especialmente considerando el tipo de actividad en la que participaban. Uno de ellos sugirió que entraran a hablar con la dueña del negocio, una mujer llamada Elizabeth.

Elizabeth parecía amable y estaba dispuesta a conversar. Mientras el pastor Raymond le hablaba de Jesús, del precio que Él pagó por su vida y del amor que la esperaba, algo comenzó a quebrarse dentro de ella. Escuchar el evangelio la inspiró a cambiar su vida, y aceptó de inmediato a Cristo como su Salvador. Pero aún había una duda.

«Quiero ir a la iglesia, pero ¿me aceptarán?»

Elizabeth sabía que había algo que faltaba en su vida, y el equipo de evangelistas se lo había mostrado. Ella anhelaba la comunión de una iglesia, pero tenía miedo de lo que pudiera pasar. Todos conocían el negocio que ella administraba. ¿La aceptarían? ¿Creerían sinceramente en su deseo de cambiar de vida?

Para su alivio, descubrió que la iglesia local la recibiría con los brazos abiertos. Aquella congregación se había dedicado a llevar el evangelio a quienes más lo necesitaban, sin importar su pasado ni su condición. Además, se habían asociado con otras iglesias para ampliar su alcance, entendiendo que la misión de Dios no fue diseñada para hacerse en soledad.

Con la ayuda de su nueva familia en la fe, Elizabeth ha estado trabajando duro para transformar su negocio y su vida. Incluso habló con sus antiguos clientes sobre el evangelio, invitándolos a la iglesia, junto con su hija. El camino por delante no será fácil, pero con el apoyo y la aceptación de su iglesia, y con su nuevo amigo Jesús, sabe que es posible.

Fuimos creados para trabajar juntos, para caminar juntos y llevar las Buenas Nuevas por todo el mundo.

A todos.

Para traerlos de vuelta a casa: a la familia de Dios.

Hoy, con Cristo en el centro de su vida, Elizabeth se siente plena por primera vez. Y la iglesia ha sido bendecida con una nueva integrante a la familia de la fe.

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