Una viajera sin brújula
¿Alguna vez te has sentido perdido, caminando por la vida sin una idea clara de qué hacer a continuación? Sin mapa. Nada que te guíe en la dirección correcta. ¿Sientes que cada camino te llevará a un lugar desconocido, del que no podrías escapar?
Julia sabía a qué se refiere.
Julia deambulò por diferentes enseñanzas y religiones, como alguien que busca señales que nunca aparecen. Cada paso parecía prometer una dirección, pero el horizonte seguía vacío. Criada en una familia católica, fue bautizada de niña. Más tarde se unió a los Testigos de Jehová, pero con el tiempo se alejó de ellos.
Durante años buscó y buscó, sin encontrar la paz, ni la identidad que anhelaba en lo más profundo de su ser. Su corazón estaba inquieto, como un viajero que avanza sin brújula. Anhelaba descubrir la verdadera respuesta a las preguntas más profundas.
Poco se imaginaba que eso no duraría para siempre.
En septiembre, mientras un equipo de la Iglesia Poder de Dios compartía el evangelio en la Escuela Príncipe de Asturias, en el distrito de Villa El Salvador —donde Julia trabajaba como portera—, ella se acercó a una de ellos para compartir su confusión sobre las diversas religiones que había conocido.
Lo que Julia no sabía era que ese equipo no estaba allí por casualidad. Formaban parte de un movimiento creciente de iglesias especializadas y equipadas a través de ShareWord Global—iglesias que ahora cuentan con herramientas prácticas, Escrituras y una pasión renovada por compartir la Buena Noticia.
El equipo la escuchó con compasión y le mostró la revista Esperanza. La situación de Julia no les resultaba desconocida, habían sido capacitadas para conversaciones significativas como esta, y sabían cómo responder, explicando que Jesús no ofrece una religión, sino más bien una relación personal con Dios a través de la gracia, mientras continuaban guiándola a través del contenido de la revista.
Entonces Julia leyó uno de los versículos de la revista: «El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón, y rescata a los de espíritu destrozado». (Salmo 34:18 NTV). Esas palabras la conmovieron profundamente y no pudo retener las lágrimas: como si una pequeña presa finalmente cediera, dejando que las aguas del alivio fluyeran.
Ahora sabía la verdad: ¡Dios nunca la había abandonado! El equipo siguió compartiendo que Jesús es «...el camino, la verdad y la vida...» (Juan 14:6). Eso era. Esa era la verdad que había estado esperando. La verdad que trajo la paz que tanto había anhelado. Esa era su brújula, su puerta abierta a un nuevo comienzo.
Ese mismo día, Julia decidió entregar su vida a Jesús. Recibió con gratitud una Biblia y la revista Esperanza.
A pesar de que poco después viajaría a otra provincia, la distancia no impediría que sus nuevos hermanos y hermanas en Cristo mantuvieran la conexión con ella. Hasta hoy, el equipo de la iglesia continúa manteniendo amistad con Julia por teléfono. Siguen adelante. Las llamadas y los mensajes de texto no se detienen. Y en una conversación, Julia compartió que la lectura de los Salmos se ha convertido en una fuente de refugio y fortaleza para ella en sus luchas personales.
Hoy, la iglesia continúa orando fielmente por Julia, confiando en que llegará el día en que se una a ellos en persona para adorar juntos. Aunque la distancia la ha mantenido físicamente alejada por ahora, saben que ya está equipada con la brújula que la guía de manera segura en su camino con Cristo.
«Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino». Salmo 119:105
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