Sin miedo a la oscuridad
Sin miedo a la oscuridad

Mientras visitaba el sur de Asia, nuestro director regional, Richard*, compartió una historia sobre una ocasión en la que fue llamado a ejercer su ministerio en una aldea peligrosa.

Mientras se dirigían al acto de formación, sonó el teléfono de Richard. Era el pastor de la iglesia receptora, que le informaba de que algunos lugareños se habían enterado de que iban a ir y estaban esperando para intentar quemar su furgoneta a su paso.

"¡Será peligroso, pero hay 110 personas que quieren oírte enseñar en la iglesia! ¿Sigue mereciendo la pena venir?" Richard sabía lo que tenía que hacer: asumir el riesgo. "¡Dios nos protegerá o nos llevará a casa! Iré... sin miedo".

Estaba oscureciendo, así que cuando Richard y su chófer se acercaron al pueblo, tomaron una calle lateral, apagaron los faros y condujeron en silencio casi todo el camino hasta la iglesia.
Una vez en un callejón, salieron del coche. Y en la oscuridad más absoluta, recorrieron a pie el resto del camino. La tenue luz de su móvil era lo único que les permitía ver si estaban cerca de una serpiente, un leopardo u otra criatura que acechara en la noche.

Por fin, los hombres divisaron la iglesia. Había 110 personas esperándoles, tal como había dicho el pastor. Cuando entraron, las puertas se cerraron inmediatamente tras ellos.
Richard se dirigió directamente al frente de la multitud y dirigió el entrenamiento de forma rápida, silenciosa y eficaz. Una vez concluida la sesión, hizo un gesto a su chófer para que le siguiera y los dos se marcharon por donde habían venido.

Nuestro representante del sur de Asia concluyó la historia diciéndome que, siempre que realizan su labor ministerial, se sienten protegidos. Y si llega el día en que el Señor decida llamarlos a casa, entonces se irán a casa.

—Nicki Coles (Parafraseado) *Nombre ficticio por motivos de seguridad

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